El conflicto armado colombiano es considerado por la mayoría de analistas nacionales e internacionales como un conflicto armado interno que se desarrolla en Colombia desde hace 40 años en su versión actual (pasando por una serie de etapas), pero tiene antecedentes históricos en la violencia partidista de la década de 1950 y de años anteriores.La versión oficial del Gobierno Nacional actual (presidencia y gabinete) consiste en que
en Colombia no existe un conflicto armado ya que Colombia es un estado de derecho, y las alteraciones al orden público causadas por las FARC, el ELN, las AUC u otros actores son consideradas como parte de una amenaza terrorista. Dicha posición no es compartida por la mayor parte de la opinión nacional (dirigentes, medios de comunicación, etc.), que siguen empleando el término "conflicto armado", y unos pocos que lo llaman simplemente "guerra civil".
En esta perspectiva, la violencia como parte de la acción política estaría asociada a la convicción (real o supuesta) de que el conflicto entre actores sociales y políticos, sólo se desarrolla en la dimensión contradicción, y que en el escenario so
ciopolítico no
ciopolítico no existen oponentes con proyectos comunes, sino antagonistas irreconciliables, con proyectos excluyentes y pretensiones de dominación total. Los diferentes conflictos que vive la sociedad colombiana, muchas veces desplazados hacia tratamientos violentos, tienen un trasfondo que no se puede olvidar, ni minimizar, porque es dentro de éste donde se originan, se reproducen y resuelven o agudizan.
La problemática ambiental ha estado siempre en el centro de los conflictos sociales. Las guerras por el dominio de las fuentes de abastecimiento económico y por el control territorial son en buena medida luchas ambientales. El paisaje se ha conformado como resultado de los conflictos entre los humanos. Las murallas, las obras de
infraestructura, las obras militares han obedecido también a criterios de dominación y control de los factores naturales de los procesos de producción y acumulación. Pudiera decirse entonces que la guerra precipitada sobre Colombia tiene como uno de los motivos subyacentes más importantes aspiraciones de parte de actores del conflicto, armados y no armados, por el control de la Amazonía, del Choco biogeográfico, de los productivos valles interandinos y de los Andes mismos como factores de acumulación del capitalismo ecológico o ecocapitalismo, que se erige como modelo predominante de reproducción del capital. El problema ambiental radica no sólo en que el entorno sea el escenario o el medio de la confrontación sino en que es el objeto mismo de la confrontación.
La distribución y el control de las Bioregiones para propósitos económicos ha sido una condición del proceso de conformación societal y paisajístico de Colombia. Un grupo minoritario de propietarios oligárquicos ha monopolizado la propiedad de la tierra por vías
violentas y ha dado un ordenamiento al territorio acorde a formas de valorización u renta especulativa. De manera que el campo y las zonas urbanas se van moldeando de conformidad con este modelo capitalista. Pero este proceso se ha dado no sin resistencia de las fuerzas sociales, es más, el conflicto colombiano actual no surge de la insurgencia sino que crea las condiciones para que la insurgencia surja.
Las consecuencias ambientales de esta manera conflictiva de poblamiento, ocupación y valorización del espacio son evidentes:
Contaminación y perdida progresiva de las fuentes de sustento para las poblaciones urbanas y rurales
Degradación de los ecosistemas hídricos, lénticos y lóticos
Devastación acelerada de las selvas húmedas y altoandinas
Ubicación de las masas pobres en ecosistemas de baja productividad y alto riesgo
Uso inapropiado de suelos de alta calidad agrícola para ganadería extensiva con subsecuente pérdida de sus características agrológicas, etc.
La problemática ambiental ha estado siempre en el centro de los conflictos sociales. Las guerras por el dominio de las fuentes de abastecimiento económico y por el control territorial son en buena medida luchas ambientales. El paisaje se ha conformado como resultado de los conflictos entre los humanos. Las murallas, las obras de
infraestructura, las obras militares han obedecido también a criterios de dominación y control de los factores naturales de los procesos de producción y acumulación. Pudiera decirse entonces que la guerra precipitada sobre Colombia tiene como uno de los motivos subyacentes más importantes aspiraciones de parte de actores del conflicto, armados y no armados, por el control de la Amazonía, del Choco biogeográfico, de los productivos valles interandinos y de los Andes mismos como factores de acumulación del capitalismo ecológico o ecocapitalismo, que se erige como modelo predominante de reproducción del capital. El problema ambiental radica no sólo en que el entorno sea el escenario o el medio de la confrontación sino en que es el objeto mismo de la confrontación.La distribución y el control de las Bioregiones para propósitos económicos ha sido una condición del proceso de conformación societal y paisajístico de Colombia. Un grupo minoritario de propietarios oligárquicos ha monopolizado la propiedad de la tierra por vías
violentas y ha dado un ordenamiento al territorio acorde a formas de valorización u renta especulativa. De manera que el campo y las zonas urbanas se van moldeando de conformidad con este modelo capitalista. Pero este proceso se ha dado no sin resistencia de las fuerzas sociales, es más, el conflicto colombiano actual no surge de la insurgencia sino que crea las condiciones para que la insurgencia surja.Las consecuencias ambientales de esta manera conflictiva de poblamiento, ocupación y valorización del espacio son evidentes:
Contaminación y perdida progresiva de las fuentes de sustento para las poblaciones urbanas y rurales
Degradación de los ecosistemas hídricos, lénticos y lóticos
Devastación acelerada de las selvas húmedas y altoandinas
Ubicación de las masas pobres en ecosistemas de baja productividad y alto riesgo
Uso inapropiado de suelos de alta calidad agrícola para ganadería extensiva con subsecuente pérdida de sus características agrológicas, etc.
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